Los 10 tipos de coles más comunes en nuestra dieta (y ni siquiera lo sabemos)

Ya hemos comentado, dentro del apartado de la despensa de otoño, las virtudes nutricionales de las castañas, la calabaza y los boniatos. Ahora le toca el turno a la extensa familia de las coles. Extensa por ser en si misma un gran grupo taxonómico conocido como Brassicaceae (brasicáceas), que comprende desde la colza, de la que se obtiene el aceite, hasta el repollo, con el que se hace el chucrut o el rábano picante con el que se fabrica el falso wasabi o la deliciosa salsa llamada horseradish, así como las semillas de algunas otras especies, que se utilizan para hacer la mostaza.

Pero dentro de esta familia las coles forman un mundo en especial por sus aplicaciones en la cocina de otoño e invierno, que son muy variadas en función de la especie que toquemos. Así, tenemos coles de flor, en las que lo que se aprovecha es la flor, o bien coles de hoja e incluso coles de raíz, como el citado rábano picante. Esta amplitud de usos nos ofrece distintos productos que se dedican al consumo en crudo en ensaladas tanto como al uso hervidas en sopas y cocidos, o bien el horneado, cuando no su fritura.

Entre sus virtudes se encuentran sus altos porcentajes en fibra dietética, su bajo poder calórico y su riqueza en las vitaminas del grupo B, así como en vitamina K y, en ocasiones en vitamina C. Adicionalmente algunas especies tienen componentes muy interesantes y prometedores como antioxidantes y en la lucha contra el cáncer. No obstante su alto nivel en vitamina K en algunas especies puede provocar problemas en personas con tendencia a la trombosis. Además, su consumo continuado también puede interferir en la absorción del iodo en la dieta, creando problemas de hipotiroidismo subclínico.