Legionella: por qué deben extremarse los controles a partir de ahora

 

Legionella: por qué deben extremarse los controles a partir de ahora

19/10/2020

Legionella: por qué deben extremarse los controles a partir de ahora

Los brotes actuales de coronavirus han obligado a cerrar escuelas, gimnasios, discotecas, oficinas y otros edificios a un nivel antes nunca visto. A medida que los países empiezan a reabrir tras el cierre, los edificios que antes quedaron cerrados podrían convertirse en un caldo de cultivo para otra infección: la legionelosis.

Causada por la inhalación de pequeñas gotas de agua que contienen, en la mayoría de los casos, la bacteria Legionella Pneumophilia, en España tiene una incidencia de unos 1.000 casos al año. Los largos periodos de inactividad en los edificios aumentan el riesgo de esta enfermedad.

Una de las particularidades de Legionella Pneumophilia es que crece sobre todo en los meses de verano (la temperatura óptima de crecimiento se encuentra entre los 25ºC-45ºC). Está presente en pequeñas cantidades en fuentes de agua como ríos, lagos o agua subterránea, pero también crece en entornos construidos, sobre todo en los rincones y las grietas de las tuberías de los edificios y otros sistemas de agua complejos que no se mantienen de forma adecuada. 

En estas zonas las bacterias proliferan en agua tibia que está estancada o tiene poco flujo. El riesgo aparece en cualquier lugar donde se puedan crear gotas de agua, como sistemas de agua fría y caliente, torres de enfriamiento y aires acondicionados, sistemas de enfriamiento de máquinas, jacuzzis, sistemas de riego por aspersión o fuentes ornamentales.

Fruto de las medidas impuestas por la COVID-19, muchas de estas instalaciones han tenido que cerrar temporalmente o su funcionamiento se ha visto reducido durante los últimos ocho meses. Esta irregularidad en el funcionamiento, si está mal controlada y gestionada, puede conllevar riesgos. 

Un periodo prolongado puede ser de semanas o meses, reconocen los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). Por ejemplo, en las instalaciones de agua fría de consumo humano, tras una parada superior a un mes, se debe realizar una limpieza y desinfección de choque, según el Real Decreto 865/2003, que recoge los criterios higiénico-sanitarios para el control de la legionelosis.

Tal como advierte la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA), los meses de septiembre y octubre son además los que concentran un mayor riesgo de contraer legionelosis, ya que es cuando suelen bajar las temperaturas y, por tanto, cuando se desconectan las torres de refrigeración. 

Pero el otoño es cambiante y las primeras bajadas de temperatura suelen venir seguidas de días más cálidos, que es cuando vuelven a ponerse en marcha muchas de estas torres, sobre todo en hoteles y hospitales. Sin una revisión adecuada, el riesgo de proliferación de la bacteria en estos casos aumenta. 

Es muy importante que, durante esta pandemia, se mantengan todos los sistemas de agua seguros mientras están cerrados o durante cierres parciales. La clave está, como recuerda ANECPLA, en no dejar que la bacteria encuentre las condiciones que necesita para vivir, como acumulación de suciedad, temperatura óptima y tiempo. 

Si todo esto le es favorable, la Legionella puede llegar a multiplicarse hasta niveles peligrosos para las personas. Para evitarlo, los expertos instan a no bajar la guardia y aplicar controles como:

Esto evitará que la bacteria pueda propagarse con facilidad porque:

La forma más importante de prevenir la legionelosis, por tanto, es mantener el suministro de agua correctamente. De esta manera, la bacteria no puede crecer ni multiplicarse. Tal como recuerda la Sociedad Europea de Clínica Microbiológica y Enfermedades Infecciosas (ESCMID), es muy importante que, aunque muchos edificios y oficinas estén cerrados durante este brote de COVID-19, los sistemas de agua se continúen manteniendo para prevenir problemas futuros de salud.

En cambio, según los CDC, los sistemas de aire acondicionado domésticos y de los coches no usan agua para enfriar el aire, por lo que no suponen un riesgo para el crecimiento de Legionella.

Fiebre, tos, dificultad para respirar, dolor de cabeza y muscular. Estos síntomas los asociamos ya con facilidad a la COVID-19. Pero también pueden definir muy bien la legionelosis, una enfermedad respiratoria que procede de bacterias presentes en pequeñas gotas de agua contaminadas en el aire y procedentes de fuentes como sistemas de aire acondicionado, torres de enfriamiento, piscinas de spa, jacuzzis o fuentes de agua. 

Como el virus SARS-CoV-2, la bacteria Legionella infecta los pulmones de una persona y causa neumonía. Por tanto, existe la posibilidad de que muchas de estas neumonías se diagnostiquen de forma errónea y se atribuyan a la COVID-19. Ambas enfermedades, además, suelen ocurrir en lugares donde se concentra mucha gente (la COVID-19 parece propagarse más fácilmente cuando hay muchas personas en el mismo lugar). 

Pero, a diferencia del coronavirus, los estudios hechos hasta ahora no demuestran que la legionelosis se contagie de una persona a otra, como sí ocurre con la COVID-19. Para distinguir la legionelosis de la neumonía por otras causas se realizan exámenes de laboratorio para aislar la bacteria de las secreciones respiratorias o analizando la sangre u orina del paciente. 

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